martes, 18 de noviembre de 2014

SE ACABARON LAS LÁGRIMAS

Ella ya no iba a llorar . No es que no quisiera, pero ya no podía verter ni una sola lágrima más. Debía ser un mecanismo de defensa que su propio cuerpo había creado. Ella había llorado tanto, que el conjunto de sus lágrimas podía haber permitido la creación de un nuevo mar llamado melancolía o desasosiego, un mar caliente y salado.  No sólo lloraba de pena o de tristeza, era sumamente común que llorará de rabia, de impotencia o porque se sentía frustrada. Ella conseguía casi siempre lo que quería por eso mismo cuando se sentía contrariada en sus pretensiones no podía evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas. El la despreciaba por eso. " Tu, la mujer que todos consideran fuerte, la que tiene una personalidad arrebatadora, en el fondo eres una niña inmadura que sólo sabe llorar..." Pobre estúpido insensible sin ningún tipo de empatía que no entendía nada de la vida. No por llorar somos más débiles sino sinceros... Para ella llorar era una purga que beneficiaba su equilibro emocional. En realidad era una liberación de endorfinas, después de sus lloriqueos siempre se sentía mejor. A ella le encantaba mirarse en el espejo cuando lloraba, se quedaba hipnotizada viendo como sus lágrimas concebidas en su corazón, nacían en sus ojos, recorrían sus mejillas hasta que alcanzaban su boca y después desaparecían. Era un proceso, sensual casi erótico... Adoraba lamerse los labios para saborear el gusto salado de sus lágrimas provocado por el cloruro sódico. Sus sollozos le hacían sentirse más humana, terminaba aceptando su sensibilidad exacerbada que siempre intentaba esconder... No se estimaba más débil por llorar sino mucho más fuerte por reconocer sus limitaciones. 
Lo curioso es que ahora que no tenía un rumbo fijo, en esta época de confusión ya no tenía ganas de llorar, no tenía miedo a lo desconocido, se sentía viva... Sabía que durante mucho tiempo solo iba a llorar de risa, porque  ahora ella está mejor que nunca y ya nada le hace daño...

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