jueves, 14 de octubre de 2010

LA TIERRA SE ENFADA.


De tanto vigilar el cielo, para evitar que nos caiga sobre la cabeza, el Hombre ha desatendido a la Tierra y ésta se desmorona bajo nuestros pies. El verano 2010 nos ha recordado que el suelo podía hundirse bajo nuestros pasos. Primero la erupción de un volcán islandés creó el caos en los aeropuertos de medio mundo, más tarde vivimos la fuga masiva de los pozos de petróleo submarinos Deepwater Horizon y rematamos con la reclusión involuntaria de 33 mineros chilenos, sepultados desde el 5 de agosto a 688 metros de profundidad en la mina de oro de San José. La inmensidad de las perforaciones humanas, me fascinan y aterrorizan al mismo tiempo. La conquista del espacio no tiene nada que envidiar a la de los subsuelos. No obstante, la Tierra gruñe , tiembla, se abre y se cierra como la boca de un depredador. La verdad es que la liberación de los mineros es algo para celebrar, porque yo ya me había imaginado su muerte en directo tele transmitida por varias cadenas de televisión , como ocurrió con los 118 marinos del submarino Kursk en el 2000.
Intento imaginar lo que han tenido que aguantar los mineros chilenos durante estos últimos meses, enclaustrados, viviendo durante meses con calor, humedad, oscuridad, claustrofobia, hambre y angustia. Es tan horrible que prefiero pensar en la caída de Alicia en la novela de Lewis Carrol. En el libro, ella se cae a un pozo que está a cuatro mil millas de profundidad, sin embargo después de desplomarse se levanta como si nada y sale totalmente ilesa. Todo sería mucho más fácil si viviéramos en el país de las maravillas como Alicia...

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